Cuando escuchamos un track de techno, nuestro cerebro no recibe simplemente una sucesión de sonidos.

Está intentando descubrir qué está pasando, qué se repite, qué cambia y qué puede ocurrir después.

Cada bombo, cada hi-hat, cada silencio, cada automatización y cada variación modifica esa predicción.

Por eso aprender a producir techno también significa aprender a construir expectativas.

Y para entenderlo necesitamos juntar dos lenguajes que normalmente estudiamos por separado:

El lenguaje musical y el funcionamiento de la percepción.

Empecemos por el pulso

El pulso es la referencia temporal básica sobre la que organizamos el ritmo.

En el techno suele existir una pulsación regular y claramente perceptible, normalmente marcada por el kick.

Si trabajamos, por ejemplo, a 128 BPM, estamos estableciendo 128 pulsaciones por minuto.

Pero el BPM no nos dice por sí solo cómo está construido el ritmo.

Aquí empieza la producción.

Compás: organizar el tiempo

El compás organiza los pulsos en grupos.

En gran parte del techno encontramos el 4/4:

1 — 2 — 3 — 4

El kick suele marcar cada uno de esos cuatro tiempos:

KICK — KICK — KICK — KICK

Esta estabilidad es fundamental porque proporciona al cerebro una estructura temporal predecible.

Una vez que el oyente ha interiorizado esa estructura, el productor puede empezar a jugar con ella.

División y subdivisión

Ahora podemos dividir cada pulso.

Tenemos negras, corcheas, semicorcheas y otras subdivisiones.

Por ejemplo:

1 — & — 2 — & — 3 — & — 4 — &

Y podemos subdividir todavía más:

1 e & a 2 e & a 3 e & a 4 e &

Aquí aparece una herramienta fundamental de producción:

la rejilla.

La rejilla nos permite colocar eventos sonoros en posiciones temporales concretas.

Pero la música no tiene por qué quedarse perfectamente encerrada dentro de ella.

La síncopa: jugar contra la expectativa

La síncopa aparece cuando desplazamos el acento hacia lugares que no esperamos.

El cerebro ha aprendido el pulso principal.

Por eso un sonido colocado fuera del acento esperado puede generar movimiento.

En techno, pequeñas desviaciones, desplazamientos o acentos secundarios pueden cambiar completamente el groove.

La sensación puede pasar de:

estable → mecánica → tensa → propulsiva

sin cambiar necesariamente el BPM.

La posición temporal de un sonido importa tanto como el sonido mismo.

Groove: cuando el patrón empieza a moverse

El groove no es simplemente «tener buen ritmo».

Es la sensación de movimiento que surge de las relaciones temporales entre diferentes elementos.

Kick, clap, hi-hat, percusión, bajo y otros elementos interactúan entre sí.

Podemos tener dos patrones con exactamente el mismo BPM y el mismo compás y, sin embargo, tenerlos completamente diferentes.

¿Por qué?

Porque cambia la relación entre los eventos.

Aquí entran:

– micro desplazamientos;

– swing;

– acentuación;

– duración de las notas;

– velocity;

– silencios;

– densidad rítmica;

– relación entre kick y percusión.

El groove vive en esas relaciones.

Repetición: construir memoria

La repetición es uno de los pilares del techno.

Pero repetir no significa mantener absolutamente todo idéntico.

Una buena estructura puede mantener un elemento estable mientras transforma otros.

Por ejemplo:

kick constante + hi-hat variable + percusión progresiva + textura automatizada.

El cerebro reconoce el elemento estable y utiliza esa referencia para detectar los cambios.

La repetición construye memoria.

La variación mantiene la atención.

Variación: cambiar sin perder la identidad

Una producción puede introducir cambios constantemente y seguir siendo reconocible.

Podemos variar:

– timbre;

– frecuencia;

– envolvente;

– duración;

– dinámica;

– panoramización;

– reverberación;

– delay;

– distorsión;

– densidad;

– posición rítmica.

El secreto está en decidir qué cambia y qué permanece.

Si cambia todo al mismo tiempo, podemos perder la referencia.

Si no cambia nada, podemos perder la tensión.

La producción consiste muchas veces en encontrar el equilibrio.

Tensión y resolución

La música funciona constantemente con expectativas.

Podemos crear tensión mediante:

– acumulación de capas;

– filtros que se abren;

– aumento de densidad;

– repetición insistente;

– reducción del espacio;

– automatizaciones;

– silencios;

– anticipaciones;

– desplazamientos rítmicos.

Y podemos generar resolución mediante:

– entrada del kick;

– caída del bajo;

– apertura espectral;

– cambio de patrón;

– liberación de capas;

– retorno de un elemento conocido.

El famoso «drop» no funciona únicamente porque llegue un sonido potente.

Funciona porque antes hemos construido una expectativa de que algo va a suceder.

Dinámica: no todo tiene que estar al máximo

La dinámica es la relación entre diferentes niveles de intensidad.

En producción electrónica podemos trabajar con:

subida → acumulación → máxima intensidad → reducción → espacio → nueva acumulación.

Si todo está permanentemente al máximo, desaparece el contraste.

El contraste es información.

Un momento de menor densidad puede hacer que el siguiente momento parezca mucho más grande.

Por eso un productor también compone con el vacío.

El silencio es un elemento musical.

Frecuencia: construir el espacio sonoro

Otro concepto fundamental es el espectro de frecuencias.

Podemos pensar, de forma simplificada, en:

graves → medios → agudos.

El kick y el subgrave ocupan gran parte de la zona inferior.

Percusiones, synths, voces, texturas y efectos pueden ocupar diferentes regiones.

Cuando demasiados elementos compiten por el mismo espacio frecuencial, aparece el enmascaramiento.

Por eso la producción también consiste en decidir:

qué elemento debe ocupar cada espacio.

El kick y el bajo: una relación fundamental

En techno, la relación entre kick y bajo puede determinar gran parte del carácter de un track.

Si ambos ocupan demasiado espacio simultáneamente, pueden entrar en conflicto.

Una herramienta habitual es el sidechain, que permite reducir temporalmente el nivel de un sonido cuando aparece otro.

El resultado puede producir ese movimiento característico:

KICK → espacio → BAJO → KICK → espacio → BAJO

El sidechain no es solamente un efecto.

Puede utilizarse como una herramienta rítmica.

Envolvente: el comportamiento de un sonido

Un sonido no es solamente su frecuencia.

También importa cómo aparece y desaparece.

Una envolvente ADSR describe cuatro etapas:

Attack — cuánto tarda en aparecer.

Decay — cómo cae después del ataque.

Sustain — cuánto permanece.

Release — cómo desaparece.

Cambiar estos parámetros puede transformar completamente la percepción de un mismo sonido.

Un pad con ataque lento no cumple la misma función que un stab con ataque inmediato.

La síntesis permite diseñar el comportamiento temporal del sonido.

Timbre: reconocer una identidad sonora

Dos sonidos pueden tocar la misma nota y tener exactamente la misma duración, pero sonar completamente diferentes.

Eso ocurre por su timbre.

El timbre depende de factores como:

– contenido armónico;

– envolvente;

– transitorios;

– modulación;

– distorsión;

– filtrado;

– espacialización.

Por eso diseñar sonidos también es diseñar identidad.

Un productor puede construir una paleta sonora reconocible.

Estructura: el track como arquitectura

Finalmente llegamos a la estructura.

Un track puede organizarse en diferentes secciones:

intro → desarrolló → entrada de elementos → variación → break → clímax → transición → otro.

No existe una única estructura correcta.

Pero existe una cuestión fundamental:

¿Qué información recibe el oyente en cada momento?

La estructura permite administrar:

– energía;

– densidad;

– expectativa;

– repetición;

– contraste;

– transición.

Un track bien estructurado no necesita estar lleno de acontecimientos.

Necesita que cada acontecimiento tenga una función.

Automatización: hacer que el sonido evolucione

La automatización permite modificar parámetros a lo largo del tiempo.

Podemos automatizar:

– frecuencia de corte;

– resonancia;

– volumen;

– panorámica;

– envío a reverb;

– feedback del delay;

– distorsión;

– wavetable;

– parámetros de síntesis.

Una línea que parece estática puede convertirse en una estructura viva simplemente haciendo que sus parámetros evolucionen.

La neurociencia detrás de todo esto

Ahora podemos volver al cerebro.

Cuando escuchamos un patrón, nuestro sistema perceptivo aprende regularidades.

Cuando algo se repite, podemos anticiparlo.

Cuando algo cambia, detectamos la diferencia.

Cuando la música juega con nuestras expectativas de manera satisfactoria, puede generar emoción y recompensa.

Por eso muchos recursos de producción tienen una dimensión perceptiva.

El productor construye el estímulo.

El cerebro construye predicciones.

La música juega con esas predicciones.

Entonces, ¿qué hace realmente un productor de techno?

No solamente coloca sonidos en una secuencia.

Está tomando decisiones sobre:

tiempo, frecuencia, ritmo, dinámica, timbre, espacio, densidad, expectativa y movimiento.

Está diseñando relaciones.

Y esas relaciones son las que terminan convirtiéndose en experiencia.

Por eso podemos entender la producción de techno como una forma de arquitectura sonora.

El productor construye un sistema.

El cerebro del oyente lo interpreta.

Y el cuerpo lo experimenta.

Del patrón a la experiencia

Quizá esa sea una de las claves para entender por qué el techno puede resultar tan poderoso.

Un patrón establece una referencia.

La repetición permite reconocerla.

La variación introduce información.

La síncopa modifica el movimiento.

El groove hace que el patrón respire.

La tensión crea expectativa.

La dinámica genera contraste.

La estructura organiza el recorrido.

La frecuencia construye el espacio.

El timbre aporta identidad.

Y el cuerpo convierte todo ese sistema en experiencia.

Eso es lo fascinante del techno: detrás de un patrón aparentemente sencillo existe una arquitectura completa de decisiones musicales y perceptivas.

Y cuanto más aprendemos a reconocerla, más podemos escuchar.

Y cuanto más aprendemos a escuchar, más podemos crear.

Alba Álvarez

Redactora web · Madrid Only Techno