Por Alba Álvarez · Redactora web | Madrid Only Techno
Un track de techno puede parecer minimalista cuando lo escuchamos terminado.
Un kick.
Un bajo.
Una percusión.
Un sintetizador.
Una textura.
Quizá algún ruido.
Pero detrás de esa aparente sencillez existe una construcción mucho más precisa.
Producir techno consiste, en gran medida, en organizar elementos sonoros dentro del tiempo y decidir qué debe ocurrir, cuándo debe ocurrir y qué función cumple cada elemento.
No se trata de llenar una pista.
Se trata de construir una estructura que tenga movimiento.
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Todo empieza con una idea rítmica
Antes de hablar de melodías o de sintetizadores podemos empezar por el elemento más reconocible del techno:
el pulso.
La velocidad de un track se expresa en BPM (beats per minute).
Un track a 120 BPM y otro a 145 BPM pueden pertenecer al mismo universo musical y, sin embargo, producir sensaciones completamente diferentes.
Pero el BPM solamente determina la velocidad.
El verdadero carácter aparece cuando empezamos a organizar los sonidos alrededor de ese pulso.
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El 4/4 y la arquitectura del tiempo
El techno utiliza habitualmente un compás de 4/4.
Podemos imaginarlo como:
1 — 2 — 3 — 4
El kick suele ocupar cada uno de esos cuatro tiempos.
Esta estructura proporciona una referencia muy estable sobre la que podemos construir todo lo demás.
Después podemos trabajar con agrupaciones mayores:
4 compases
8 compases
16 compases
32 compases
Estas agrupaciones permiten organizar la evolución del track.
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Kick: el punto de gravedad
El kick es mucho más que «el bombo».
En techno puede convertirse en el centro físico de toda la producción.
Su elección determina buena parte del carácter del track:
– corto o largo;
– seco o reverberante;
– limpio o distorsionado;
– profundo o agresivo;
– definido o saturado.
También importa su relación con el resto de los elementos.
Un kick puede ocupar una enorme cantidad de energía en las frecuencias graves.
Por eso elegirlo correctamente desde el principio puede facilitar todo el proceso posterior.
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El bajo: movimiento debajo del pulso
Kick y bajo forman una de las relaciones fundamentales de la producción electrónica.
El kick establece el golpe.
El bajo puede aportar continuidad, movimiento y profundidad.
Pero ambos tienen que convivir.
Aquí entran herramientas como la ecualización, el sidechain, la envolvente y el control de fase.
No existe una única manera correcta.
Un track puede utilizar un bajo muy presente.
Otro puede dejar prácticamente todo el peso al kick.
Lo importante es que la relación tenga una función dentro del conjunto.
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Percusión: construir movimiento
Después del kick podemos comenzar a introducir percusión.
Hi-hats.
Claps.
Rims.
Shakers.
Toms.
Percusión metálica.
Ruidos.
Golpes procesados.
Cada elemento puede ocupar una posición diferente dentro del compás.
Aquí aparece una de las claves del techno:
no todos los sonidos tienen que tocar al mismo tiempo.
El espacio entre los elementos también forma parte del ritmo.
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Groove: cuando el patrón adquiere movimiento
Dos patrones pueden tener el mismo BPM y utilizar exactamente el mismo compás y, sin embargo, sentirse completamente diferentes.
La diferencia puede estar en:
– subdivisión;
– swing;
– síncopa;
– acentos;
– velocity;
– microgaming;
– duración de los sonidos;
– silencios.
El groove aparece en la relación entre estos elementos.
No es un sonido.
Es una relación.
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Diseñar el timbre
Una vez que tenemos una estructura rítmica podemos empezar a trabajar el carácter de los sonidos.
Aquí entra la síntesis.
Un sintetizador puede generar diferentes formas de onda:
– seno;
– triángulo;
– sierra;
– cuadrada;
– wavetable y otras formas más complejas.
Pero la forma de onda es solamente el principio.
Filtros, envolventes, LFO, modulación, distorsión, saturación, FM y diferentes procesos permiten transformar completamente el sonido.
El objetivo no es utilizar todas las herramientas.
Es encontrar el sonido que necesita el track.
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Frecuencia y espacio
Una producción también es una cuestión de espacio.
Podemos dividir de forma simplificada el espectro en:
graves → medios → agudos.
Pero cada elemento ocupa una zona diferente y puede competir con otros.
Cuando demasiados sonidos intentan ocupar el mismo espacio, aparece el enmascaramiento.
Por eso la ecualización no consiste solamente en «hacer que algo suene mejor».
También consiste en hacer sitio.
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Textura: la materia del techno
No todo tiene que ser una nota musical.
El techno puede construirse con:
– ruido;
– field recordings;
– feedback;
– glitches;
– distorsión;
– grabaciones procesadas;
– texturas ambientales;
– sonidos industriales.
Estos elementos pueden aportar profundidad y personalidad.
Una textura puede permanecer casi imperceptible durante minutos y convertirse progresivamente en una parte fundamental de la identidad del track.
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Automatización: hacer evolucionar lo estático
Un loop puede durar cuatro, ocho o dieciséis compases.
Pero eso no significa que tenga que sonar exactamente igual durante todo el track.
Podemos automatizar:
filtros, volumen, panorámica, reverb, delay, distorsión, resonancia, frecuencia de corte o parámetros de síntesis.
Así, un mismo elemento puede transformarse lentamente.
La automatización es una de las herramientas fundamentales para crear movimiento sin necesidad de introducir constantemente sonidos nuevos.
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Tensión y liberación
Un track necesita respirar.
Podemos acumular elementos.
Aumentar la densidad.
Abrir frecuencias.
Introducir percusión.
Crear ruido.
Y después retirar elementos.
Dejar espacio.
Eliminar el kick.
Reducir la energía.
Crear un break.
La tensión aparece cuando acumulamos expectativa.
La liberación aparece cuando transformamos esa expectativa.
Por eso un momento de silencio puede tener tanta importancia como un drop.
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La estructura del track
Una estructura sencilla podría ser:
Intro → desarrollo → variación → break → clímax → desarrollo → otro.
Pero no existe una fórmula universal.
El techno permite trabajar con estructuras mucho más largas, minimalistas o progresivas.
La cuestión fundamental es que cada sección tenga una función.
Una intro puede permitir una mezcla progresiva.
Un break puede crear contraste.
Un clímax puede concentrar la máxima densidad.
Un otro puede devolver el espacio.
La estructura no es una plantilla.
Es la arquitectura temporal del track.
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Menos elementos, más decisiones
Una de las grandes lecciones de la producción de techno es que añadir más sonidos no significa necesariamente mejorar una producción.
Un track puede funcionar con muy pocos elementos si cada uno tiene:
espacio, función y personalidad.
A veces el cambio más importante consiste en eliminar algo.
Un hi-hat que desaparece.
Una percusión que entra después de ocho compases.
Un bajo que se corta.
Una textura que aparece lentamente.
La producción consiste tanto en decidir qué poner como en decidir qué quitar.
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El sonido también cuenta una historia
Aunque el techno no necesite una narrativa tradicional, un track puede tener evolución.
Puede comenzar desnudo.
Construir capas.
Aumentar la tensión.
Cambiar de textura.
Alcanzar una máxima intensidad.
Desaparecer progresivamente.
La historia no está necesariamente en una letra.
Está en la transformación de la materia sonora.
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Producir techno es diseñar relaciones
Al final, producir no consiste solamente en elegir sonidos espectaculares.
Consiste en establecer relaciones entre:
tiempo, ritmo, frecuencia, dinámica, textura, espacio y estructura.
El kick se relaciona con el bajo.
La percusión se relaciona con el groove.
La frecuencia determina cómo conviven los elementos.
La dinámica controla la energía.
La automatización introduce evolución.
La estructura organiza el recorrido.
Y todo ello termina formando una identidad.
Un buen track no tiene por qué tener cien elementos.
Tiene que saber qué hacer con los elementos que tiene.
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La arquitectura sonora empieza aquí
Cuando empezamos a mirar el techno de esta manera, descubrimos que detrás de cada track existe una arquitectura.
No necesariamente visible.
Pero sí audible.
Una arquitectura construida con tiempo, repetición, contraste, textura, frecuencia, movimiento y silencio.
Y quizá esa sea una de las mejores maneras de acercarse a la producción:
no preguntarnos solamente qué sonido estamos escuchando, sino por qué está ahí, qué relación tiene con los demás y qué función cumple dentro de la estructura.
Ahí empieza realmente la construcción de un lenguaje propio.
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Alba Álvarez
Redactora web · Madrid Only Techno
